
La Atención Primaria de Salud (APS) representa una de las transformaciones más importantes en la organización de los sistemas sanitarios a nivel mundial. Su evolución histórica está íntimamente ligada a las aspiraciones de justicia social, acceso universal y equidad en salud. A lo largo del tiempo, ha pasado de ser una propuesta teórica a convertirse en el eje estructurador de políticas públicas de salud, especialmente en países que buscan eficiencia, sostenibilidad y humanidad en sus servicios.
Antes del surgimiento del concepto formal de APS, los sistemas sanitarios estaban centrados en modelos hospitalarios, curativos y orientados a las enfermedades infecciosas. Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, el paradigma dominante en salud pública era vertical: campañas específicas para enfermedades como la tuberculosis, malaria, viruela o sífilis.
Este modelo logró importantes avances en el control de enfermedades, pero se caracterizaba por una atención fragmentada, limitada en cobertura, con escasa participación comunitaria y sin una mirada integral del paciente.
La Segunda Guerra Mundial, la crisis del colonialismo y los procesos de independencia en varios países subdesarrollados trajeron nuevos cuestionamientos: ¿cómo garantizar el acceso a la salud en poblaciones pobres, rurales o marginadas? Fue así como comenzaron a consolidarse iniciativas comunitarias que sembraron las bases de lo que más tarde se denominaría Atención Primaria.
El hito más importante en la historia de la APS fue la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, celebrada en Alma-Ata, Kazajistán (URSS) en septiembre de 1978, organizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
La Declaración de Alma-Ata proclamó que:
“La salud, que es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, es un derecho humano fundamental.”
Y que:
“La Atención Primaria de Salud es la clave para alcanzar la meta de ‘Salud para todos en el año 2000’”.
Esta declaración estableció que la APS debía ser:
Universal y accesible
Integral e intersectorial
Participativa
Basada en tecnologías apropiadas
Coordinada con todos los niveles del sistema de salud
El documento también enfatizaba la participación activa de la comunidad y la necesidad de abordar los determinantes sociales de la salud (como la pobreza, el acceso a la educación, el agua potable, la nutrición y el saneamiento).
Pese a su fuerza teórica y moral, el modelo de Alma-Ata enfrentó múltiples desafíos en su implementación. En algunos países, se optó por una versión reducida denominada “APS selectiva”, centrada en paquetes mínimos de servicios (vacunas, control de crecimiento, planificación familiar, tratamiento de enfermedades comunes), pero sin incorporar todos los principios transformadores del modelo original.
Esta visión recortada fue criticada por reducir la APS a una atención básica y barata para pobres, sin cambiar las estructuras profundas del sistema de salud.
Durante las décadas siguientes, y especialmente a partir del 2000, se planteó una renovación conceptual de la APS para enfrentar los nuevos desafíos globales: el envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas, la transición epidemiológica, la inequidad persistente y la crisis de fragmentación en los sistemas de salud.
Esto llevó a un enfoque más robusto y moderno de APS, que se articula con:
La atención centrada en la persona y la familia
La longitudinalidad del cuidado
La coordinación intersectorial y entre niveles de atención
El uso de tecnología y registros clínicos electrónicos
La medicina basada en evidencia
En 2018, la OMS y UNICEF convocaron una nueva conferencia mundial en Astaná (Kazajistán), para conmemorar los 40 años de Alma-Ata y reafirmar el compromiso con la Atención Primaria.
La Declaración de Astaná reconoce que la APS es fundamental no solo para lograr la cobertura sanitaria universal, sino también para avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Esta declaración impulsa una APS más adaptada al siglo XXI, que:
Incorpora herramientas digitales
Promueve la participación comunitaria desde un enfoque de derechos
Asegura equidad, calidad y continuidad del cuidado
Fortalece el rol del equipo de salud multidisciplinario
Hoy en día, la APS es reconocida como la estrategia más efectiva y eficiente para alcanzar sistemas de salud integrales, equitativos y sostenibles. Diversos estudios muestran que los países con sistemas sólidos de atención primaria tienen:
Menor mortalidad general
Mejor salud materno-infantil
Mayor esperanza de vida
Reducción en los costos globales del sistema
Satisfacción del paciente más alta
La evidencia es clara: la APS salva vidas, mejora la calidad del cuidado y protege a los sistemas de salud del colapso.
Hoy se define a la Atención Primaria de Salud como:
“Un enfoque de atención que se basa en principios de equidad, participación social, accesibilidad, integralidad, coordinación del cuidado y continuidad, que promueve la salud y previene la enfermedad, garantizando atención oportuna, efectiva, segura y centrada en la persona, su familia y su comunidad.”
No es solo una estrategia clínica, sino una filosofía de cuidado, un modelo organizativo y una herramienta de justicia social.